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Después de Akira, el anime que más influyó y revolucionó la industria cinematográfica americana fue este film donde la protagonista no es una humana sino un cyborg que traspasa la frontera entre máquina y ser vivo. El manga salió a la luz en 1995, y tuvo buena repercusión en Japón y Estados Unidos. Tras el éxito, se pasó a Ova (películas que se estrenan directamente en DVD) con fuertes modificaciones. En una ciudad de carácter distópico se encuentran la agente de policía Motoko Kusanagi que se encarga de los delitos informáticos. Está ambientado en un futuro cercano a Japón por el que los personajes son cyborgs que prestan sus servicios al gobierno como fuerzas policiales. Son descritos como cyborgs con cuerpo humano y se les modifica para aumentar su capacidad física. La misión es atrapar a un Hacker que se mete en el cerebro de los modificados para manipularles, lo que ocurre es que ese Hacker no es un humano sino un espíritu surgido de múltiples conexiones, una especie de programa que desea fusionarse con la general Motoko para crear una existencia nueva, ella es la elegida.

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Una de las características clave es la transhumanización, en la primera escena de la película observamos como Motoko se somete a distintas operaciones para acabar siendo un cyborg. Según Naief Yehya, su definición de los cyborgs no solo tiene accesorios tecnológicos incrustados en el cuerpo, sino modificaciones como los anabolizantes, esteroides que modifican biológicamente. Yehya distingue entre robot y androide: “el robot es un aparato electromecánico relativamente autónomo, que puede tener cualquier forma en función de uso (…) Mientras que un androide es un robot antropomórfico carente de elementos orgánicos, o bien un humanoide manufacturado tecnológicamente a partir de diversos elementos, entre ellos sustancias orgánicas ”. Por otro lado no hallamos la idea de megacorporaciones pero si la manipulación por parte del gobierno. Se convierten en máquinas bélicas a su servicio, por lo tanto entregan su cuerpo al servicio. Se puede presenciar en la conversación entre Motoko y su compañero Batou.

Batou – Me temo que hemos entregado nuestros cuerpos y espíritus a la sección 9.
Kusanagi – Sí. Si lo dejamos o nos retiramos tendremos que devolver nuestros cerebros aumentados, y nuestros cuerpos cybernéticos. No nos quedaría gran cosa.

Por otro lado, los escenarios son urbanos, presencia de grandes edificios, calles congestionadas de gente, abundante basura que marca la entrada a los suburbios. Observamos la soledad del individuo en las urbes, el posmoderno reflejado en la protagonista, que, inclusive, en una escena se le ve tomando un café en un restaurante. Y es que una de las características del individualismo es la carencia de afecto, la imposibilidad de ese contacto que se crea con otra persona. Otra de las características del cyberpunk es la simbología, en esta película es el hacker como aquel espíritu que quiere fusionarse con Mokoto para crea al ser perfecto. Mamoru Oshii es un gran entendido en religiones hasta tal punto que bautizó a sus perros con los nombres de Daniel y Gabriel. Juan Zapater nos comenta que “ese Gabriel de quien nunca se nos dice su nombre asume, entre otros significados, la enigmática presencia ante la que Mokoto reconoce que ha llegado la hora de la transformación. Pero claro, nada de ellos sale explícito en el film, ni nada monótono y casi inaudible sustrato. Todas estas digresiones vienen a cuento porque es decisivo para penetrar en el universo de uno de los más enigmáticos e inquietante creadores del anime ”. El mensaje final que nos quiere transmitir es la existencia humana como la individualidad enfrentada a la marea tecnológica como llega a cuestionarse su existencia.

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Kusanagi – Supongo que los cyborgs como yo tendemos a ser paranoicos respecto a nuestros orígenes. A veces sospecho que no soy yo quien creo que soy, que quizá morí hace mucho tiempo y alguien cogió el cerebro y lo metió en este cuerpo. Puede que yo nunca haya existido y que sea completamente sintética, como ese robot.
Batou – Tú tienes neuronas humanas en ese cascarón de titanio. Te tratan como a los demás humanos, así que deja de angustiarte.
Kusanagi – Pero eso es lo único que me hace sentir humana, la forma en que me tratan

Kusanagi se pregunta sobre su existencia, igual que Yehya se plantea sobre la identidad de los robots: ¿Nuestra identidad recibe en alguna parte específica de nuestro cuerpo? ¿De qué porcentaje del cuerpo podemos desprendernos sin dejar de ser lo que somos? ¿Basta con intercambiar una cabeza para trasplantar a un ser?

Bibliografía:

NAVARRO, Antonio José. Cine de animación Japonés, San Sebastían, Donostia Kultura, 2008
YEHYA, Naief, El Cuerpo transformado: cyborgs y nuestra descendencia tecnológica en la realidad y en la ciencia ficción, Edición Paidós, 2001, México.

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