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Verhoeven protagonizó con esta película, en 1987, un claro ataque a la sociedad americana de la era Reagan, con carácter distópico. Nos hallamos en la ciudad de Detroit, donde el policía Alex Murphy muere por disparos. Aprovechando el proyecto previo de instaurar un robot en sus filas, la moderna tecnología se encarga de crear mediante el cuerpo del agente un indestructible cyborg, cuya función será convertir al cuerpo de defensa en una autoridad inviolable. El sentido de justicia que se halla en el robot tendrá como consecuencia que ajusticia a los delincuentes, como a los empresarios de las corporaciones corruptas. El mensaje de Verhoeven es claro, no solo se hallan los delincuentes en marginados sociales, sino también en la élite.

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Como bien nos afirma Valenti Navarro: Robocop es junto a Tron, Videodrome, Scanners, Blade Runner o Brazil, uno de los primeros films auténticamente cyberpunk de la historia de la ciencia ficción. El término aplicado a la obra de William Gibson, Lewis Shiner, Paul di Filippo o Bruce Sterling. Designa a grandes rasgos, aquellas ficciones que representan la tecnología en todas sus variantes posibles y reflexionan sobre las cuestiones éticas y filosóficas que su aplicación plantea, el poder que genera su manipulación interesada por parte de políticos y emporios económicos, sobre la creación de una nueva realidad, un mundo hipertecnificado. Todos los films citados y alguno más, son el origen de la literatura cyberpunk, una nueva manera de entender el género de la ciencia ficción.

Robocop combina la venganza, pistola en mano, de un vigilante justiciero urbano, necesario para cautivar al espectador en un ambiente futurista. La película nos plantea una serie de cuestiones dentro el universo cyberpunk; Robocop no da un amplio conjunto de preguntas en relación con los cyborgs y la integración de la programación en la mente humana, o la determinación de la propiedad después de la muerte. O la relación del cyborg y la humanidad, como Murphy comienza a darse cuenta de quien era, o peor aún, en lo que se ha convertido. Siendo Robocop todos los aspectos que le relacionan con la humanidad le han sido arrebatados: no tiene hogar al que vivir, sino que por la noche se regenera. Aunque el protagonista se considere humano entraría en la extraña categoría de post-humano. Otro de los planteamientos interesantes es la relación entre hombre-máquina, es decir, Robocop nos da una mirada interesante de la integración del cerebro en un cuerpo cibernético. Incluso más interesante, la noción de que la programación externa podría limitar el funcionamiento del cerebro humano en una carcasa de cyborg. Si lo pensamos bien, esto no es tan descabellado como puede parecer inicialmente: similar a cómo bloquear servidores de seguridad de la información “específica” de cualquiera para entrar o salir de una red, la programación de Robocop garantiza la mente humana se adhiere a las directrices principales. Pero mientras que la parte de prevención parece posible, la naturaleza “directiva” de las normas parece dudosa, al igual que el borrado de su memoria. Estos tal vez, son mucho más difícil de hacer sin destruir la “experiencia cop” así lo deseaban escogiendo Murphy en primer lugar. La pregunta sería si desarrollamos la capacidad de reanimar la conciencia del individuo.

Bibliografía:

NAVARRO, ANTONIO JOSÉ. Explorando mundos. Ediciones Valdemar, Madrid, 2007. Pag 650.

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